Leyenda del Lagarto de la Malena, Jaén 2010

Antes de comenzar esta entrada, me gustaría que se mantuviera un respetuoso MINUTO DE SILENCIO (cosa que en la web es imposible, ya lo sé, es sólo a modo simbólico), en memoria de nuestro ilustre LAGARTO, muerto esta vez no por un héroe anónimo ni por un reo en busca de su libertad, sino por un consistorio poco serio en sus pagos, por una política cultural irregular y por qué no decirlo, por la crisis, que tan bien nos viene para culpar  de todo a algo que no seamos nosotros mismos.

Porque señores... mi valoración de lo que pude ver ayer, no puede dejar ser de ser NEGATIVA. 

Esta vez no era "Creativo Imprevisible" la empresa que estaba detrás del bolo. Y se notó.

No quiero comparar ni, mucho menos, desprestigiar a "Júpiter Teatro", que ha organizado este año el acto. Doy por sentado, sé ya cómo es esto, que no contó ni con el tiempo ni con los medios para ofrecer nada mejor. Pero como espectador, que no tiene ni por qué saber ni por qué entender nuestras comeduras de olla ni nuestros problemas técnicos... lo siento pero NO. No hay justificación. 
 
Es verdad que las representaciones pasadas tampoco eran la panacea universal, ni un manual de cómo se hace una escenificación idílica (no olvidemos el penoso asunto de la estampida equina), pero se realizaba una labor muy digna y vistosa.

No entraré más en cuestiones políticas ni económicas, que no son objeto de este Blog. Ni en la respuesta que parte del público ofreció, entre protestas y pancartas, a la gestión del AYUNTAMIENTO.


Pero... ah... ver a ese Lagarto, que parecía venir de dos días en un After, prácticamente  muerto sobre las cabezas de los actores, como un costal... o a aquellos personajes vestidos de duendecillos del bosque en una danza extraña... o escuchar la locución, con una voz adolescente y sin empaque... QUÉ PENA!

Lo siento si alguien se siente molesto por mis palabras, pero... para mí, la representación pareció más una actividad organizada para, o mejor aún, POR, un colegio, que como plato fuerte de la feria de San Lucas. 
Los actores parecían perdidos, caóticos y sin saber muy bien qué hacer. Encima, era frecuente ver cruzarse a técnicos dando indicaciones o moviendo a los protagonistas, algo que disminuía el ya de por si limitado efecto de la "ilusión"...
La oveja del cuento... ni te cuento.
Y el final... acaba la música y se quedan todos ahí, como pensando... "¿ya se ha terminado? ¿me puedo ir a casa?". Fue tan representativo de la falta de "Glamour" y encanto de todo, que casi parecía estar hecho adrede.

A RESCATAR, la calidad del sonido, que fue bastante buena (aunque los temas musicales elegidos no eran del épico que se requería), y supongo que las ganas (aunque yo no las notara demasiado) que imagino que tendrían todos aquellos actores y actrices, que seguramente fueron los únicos que sintieron algo de la "magia" de la leyenda (y no creo que precisamente gracias a los duendecillos silvestres).

Supongo que es una primera vez, para Júpiter Teatro, planteada sin el tiempo ni los medios necesarios, debiendo aprovechar recursos de otras actuaciones...  Pero con un poco más de imaginación hubiera sido otra cosa. Las leyendas beben de eso, de imaginación, de fantasía. De creatividad. Y de eso, Creativo, sabía un poco más.

Lo dicho, mi pésame.

1 comentarios:

Jesús Tíscar Jandra. dijo...

Completamente de acuerdo contigo, Óscar. Y has sido muy amable con lo que yo también vi: un teatro de calle lamentable. Para hacer eso, mejor no hacerlo. Más vale quedar ausente que quedar cutre.
Oye, larga vida a este blog que has comenzado, nene.

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